Ayer por la noche (a horas intempestivas) hicieron un especial de 59 segundos sobre el Proceso de Bolonia. El tema sigue totalmente de actualidad, no sólo porque siguen convocadas manifestaciones de algunos grupos de estudiantes, sino porque por fin el gobierno ha emprendido una campaña de comunicación en los medios informando sobre Bolonia.

El especial de 59 segundos, en mi opinión, fue bastante flojo, como “twitteé” anoche: más polémica que sustancia. En el programa participaron dos estudiantes, Alfredo Almendro y Pablo Sánchez (uno en contra y otro a favor); dos rectores, Ana Ripoll de la UAB y Daniel Peña de la UC3M (los dos a favor); el profesor de la UCM, Carlos Fernández Liria (en contra); y el director general de Universidades, Felipe Pétriz.
Los argumentos que se expusieron a favor fueron: la importancia de la movilidad, de la internacionalización, de la inversión económica y de la renovación de las metodologías. Y en contra: la falta de financiación, de ayudas para la movilidad y sobre todo la mercantilización de la universidad. En general, me gustaron los dos estudiantes, Pablo por sus ideas, y Alfredo porque consiguió su objetivo: mandar en el debate y llevarse a todos a su terreno; y por otro lado Daniel Peña por sus argumentos, aunque se nota que no está acostumbrado a hablar en 59 segundos.
En definitiva, y por no volver a exponer mi punto de vista sobre este tema, hacer una pequeña reflexión sobre este tipo de debates. ¿Para qué sirven estos debates? Es evidente que resultan interesantes para la audiencia (a veces más morbosos que interesantes) y que pueden ayudar a forjar una opinión sobre un tema determinado. Pero en el fondo, un debate debería servir para algo más que lanzar tu mensaje, de forma mediática, y hacer oídos sordos a lo que te dicen. En esto, lamentablemente, son expertos nuestros políticos.
Un debate, creo yo, debería servir para intercambiar ideas e intentar construir una realidad conjunta, para convencer y para dar la oportunidad de ser covencidos y cambiar nuestras ideas previas. Sí, es verdad, soy demasiado ingenuo… será la edad
Lo más curioso (aunque previsible), fue que esta vez el que intentó convecer (a su forma…) fue el político. Mientras unos preguntaban por las agresiones a estudiantes, la otra cambiaba de tema. Tanto unos como otros venían a lanzar su idea, su mensaje panfletario o su manifestación. Felipe trató de hacerse entender, de convencer, y ese fue su error… cayó en la trampa.
Por cierto, enhorabuena a TVE por todas estas iniciativas de difusión sobre el Proceso de Bolonia. Es más que necesario. Si queréis ver el vídeo del debate, lo tenéis disponible online en TVE a la Carta. La mejor del debate, por supuesto y como siempre… Ana Pastor